
El domingo de ramos es un día en el que se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, hecho que sucedió hace cerca de 2000 años; es curioso que una entrada tan triunfal en aquel entonces haya finalizado con el juicio y posteriormente la muerte del protagonista de esta, Jesús.
En Popayán, una ciudad tan tradicional y católica se celebró el pasado 28 de marzo la procesión del domingo de ramos, ritual que marca la pauta para el desarrollo de las demás procesiones de la semana santa. Este día, más que un momento celebrado por el clero, las comunidades religiosas, congregaciones o personas en proceso de “beatificación” tiene una aceptación social como la “ocasión espontanea que surge de los fieles creyentes laicos” quienes portando palmas que anteriormente han sido bendecidas en todos los templos de la ciudad comienzan una extensiva peregrinación en el santuario de Belén que finalmente concluye en la Catedral Basílica de Nuestra Señora de la Asunción. Los “Pasos” que hacen parte de procesión son los del “Señor Caído” y “El Santo Ecce-Homo”.
Tradicionalmente se ha usado la palma de cera como representación de la palma que usaron los jerosolimitanos (gentilicio de los nacidos en Jerusalén) para recibir a Jesús y así representar este importante acontecimiento histórico; Pero Teniendo en cuenta que la palma de cera no se dio en Jerusalén y que la que han usado por generaciones en Colombia está en vía de extinción, es necesario que su uso se remplace por una alternativa que no sea nociva para el bienestar natural de muchas especies, por eso antes de pensar y valorar la importancia de nuestras tradiciones hay que rectificar que estas no sean perjudiciales para nuestro ambiente, desarrollo y salud mental.